Emotivo acto en el Instituto Gonzalo Torrente Ballester de Miajadas

Voz y música acompañaron este viernes a un íntimo acto celebrado como recuerdo y homenaje al Profesor Fernando J. Domínguez, Profesor de Lengua Española y Literatura, fallecido repentinamente el 31 de mayo de 2020.

Desde este viernes un olivo, con toda su belleza y simbología, acompaña la singladura académica de profesores, alumnos y comunidad educativa del IES G. Torrente Ballester de Miajadas. Un árbol considerado sagrado desde la Antigüedad por todo lo que representa: sabiduría, paz, renovación, armonía… No en vano los cetros de los reyes se hacían sólo con su madera.
En torno a un cuidado espacio creado a sus pies -y traído el curso anterior ad hoc- alumnos y profesores asistieron al descubrimiento de una composición a modo de escultura hecha de madera y acero donde aparece escrito el lema “Noquea tus miedos”. Un término -noquear- del mundo del boxeo y muy utilizado por el profesor Fernando J. Domínguez como invitación a no dejar entrar en nuestra vida el derrotismo y la impotencia.

Fernando, natural de Miajadas, regresó tras una amplia trayectoria profesional al Instituto donde había estudiado, pero ya en calidad de profesor. Dio vida a diferentes proyectos de Biblioteca con títulos tan sugerentes como «Sinestesia. Leer con los sentidos» o «Re(des)nacimiento». A su paso por distintos centros puso en pie revistas y fanzines culturales. Entendió siempre la Literatura como un todo con el Arte vinculándose estéticamente a la Poesía Visual. Fue un esteta en sentido amplio. Su carácter inquieto, culto, refinado, curioso y elegante, es una de las huellas dejadas en todos sus compañeros y alumnos.

MÁS ALLÁ DE LAS PALABRAS

Al Profesor Fernando Javier Domínguez

Más allá de las palabras, existe un mundo donde la presencia física no es más que un puro accidente en nuestro largo y difícil camino. Existe una realidad, ajena a la misma realidad que continuamente estamos tocando con nuestro ojos, donde las ideas, las emociones, los sentimientos… se entrelazan sin necesidad de que haya un contacto corporal para mantener un diálogo fluido, y con igual intensidad que si estuviera la otra persona delante. Es entonces cuando con un pequeño esfuerzo puedes estar conversando con esa persona. Cuando con una mirada puedes llegar a comprender más que con un torrente de palabras, cuando su voz se transforma en imágenes simplemente evocando el recuerdo de la persona amada.

Él estará en ese instante viviendo las mismas emociones porque no murió, a no ser que se olvide. Sigue hablando, sonriendo… Su huella está ahí, marcada con la misma discreción elegante que cuando él la pisaba. Su voz, sus gestos, su acogedora mirada y, sobre todo, su sonrisa están brotando recién salidos de su rostro.

A la noche le faltará una luz, al día un valedor de su belleza, a un instituto una palabra precisa, a una  familia un refugio en la habitual calma, en una calle habrá un banco vacío y a todos los que le queríamos nos faltará un pedazo de alma.

Pero más allá de las palabras, él nos estará observando, comprendiendo, proponiendo y, sobre todo, queriendo. Su recuerdo será el lazo que nos una para seguir compartiendo y, al fin, viviendo.

Gracias, Fernando, por todo: lo bueno y lo malo si lo hubo.

“Tal vez -pensó- no existen los buenos y malos amigos. Tal vez sólo hay amigos, gente que nos acompaña cuando sufrimos y que nos ayudan a no sentirnos tan solos. Tal vez siempre vale la pena sentir miedo por ellos, y vivir por ellos; sí así debe ser. No hay buenos amigos, no hay malos amigos. Sólo hay personas con las que uno quiere estar, necesita estar, gente que ha construido su casa en nuestro corazón” (De IT, de Stephen.King.)