Miajadas celebrará el Día Mundial del Teatro con diversas representaciones, poniendo en valor a los artistas locales

Entre el 26 y el 29 de marzo, la celebración del Día Mundial del Teatro tendrá esencia miajadeña. Con varias citas destacadas, podremos disfrutar de "Cartas para Extremadura" de Fulgen Valares; "Deshaucia2", con la interpretación del miajadeño Chema Pizarro; y "El sueño de una noche de verano" con Meaxadas Teatro.

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Desde el área de Cultura del Ayuntamiento de Miajadas, en colaboración con Meaxadas Teatro, se han preparado diversas actividades escénicas para conmemorar el Día Mundial de Teatro, en las que se podrá disfrutar del trabajo de artistas locales, con la representación de de “Cartas para Extremadura” escrita y dirigida por Fulgen Valares; la puesta en escena de “Deshaucia2”, con la interpretación del miajadeño Chema Pizarro; y varios pases para estudiantes de secundaria de “El sueño de una noche de verano” con Meaxadas Teatro. Las citas teatrales vendrán acompañadas de una exposición de fotografías de Jorge Armestar.

El Día Mundial del Teatro se celebra cada 27 de marzo, a iniciativa del Instituto Internacional del Teatro, en 1961. Su finalidad es la de poner en valor el teatro como manifestación artística indispensable y fundamental para el individuo y las sociedades.

En Miajadas, la conmemoración de este día se prolongará entre el 25 de marzo y el 1 de abril.

Actividades:
  • Martes, 26 de marzo: dos pases para los Centros Educativos de Secundaria, de un fragmento de la obra de teatro: “El sueño de una noche de verano”. (Meaxadas Teatro).

 

  • Miércoles, 27 de marzo en la Casa de Cultura “Massa Solís”, 21:30 h. Entrada: 3 €.

Obra de teatro: “Deshaucia-Dos”. (Teatrapo)

Artista Local: José María Pizarro Cañamero.

 

  • Viernes, 29 de marzo en la Casa de Cultura “Massa Solís”, 21:30 h. Entrada: 3 €.

Obra de teatro: “Cartas para Extremadura” (Escrita y dirigida por Fulgen Valares).

 

  • Del 25 de marzo al 1 de abril en el Complejo Cultural “Palacio Obispo Solís”.

– Exposición: “A puerta cerrada” (Jorge Armestar).

Este año, a nivel internacional, la persona encargada de realizar el mensaje del Día Mundial del Teatro será el autor cubano, Carlos Celdrán, cuyas palabras serán traducidas en más de 50 idiomas. Celdrán es un director teatral galardonado con premios de elevado prestigio, dramaturgo, académico y profesor, vive y trabaja en La Habana. Es, además, director fundador de la compañía Argos Teatro y Premio Nacional de Teatro 2016 en Cuba.

Mensaje de Carlos Celdrán (Cuba): Día Mundial del Teatro, 27 de marzo de 2019

Antes de mi despertar en el teatro, mis maestros ya estaban allí. Habían construido sus casas y sus poéticas sobre los restos de sus propias vidas. Muchos de ellos no son conocidos o apenas se les recuerda: trabajaron desde el silencio, desde la humildad de sus salones de ensayo y de sus salas llenas de espectadores y, lentamente, tras años de trabajo y logros extraordinarios, fueron dejando su sitio y desparecieron. Cuando entendí que mi oficio y mi destino personal sería seguir sus pasos, entendí también que heredaba de ellos esa tradición desgarradora y única de vivir el presente sin otra expectativa que alcanzar la transparencia de un momento irrepetible. Un momento de encuentro con el otro en la oscuridad de un teatro, sin más protección que la verdad de un gesto, de una palabra reveladora.

Mi país teatral son esos momentos de encuentro con los espectadores que llegan noche a noche a nuestra sala, desde los rincones más disímiles de mi ciudad, para acompañarnos y compartir unas horas, unos minutos. Con esos momentos únicos construyo mi vida, dejo de ser yo, de sufrir por mí mismo y renazco y entiendo el significado del oficio de hacer teatro: vivir instantes de pura verdad efímera, donde sabemos que lo que decimos y hacemos, allí, bajo la luz de la escena, es cierto y refleja lo más profundo y lo más personal de nosotros. Mi país teatral, el mío y el de mis actores, es un país tejido por esos momentos donde dejamos atrás las máscaras, la retórica, el miedo a ser quienes somos, y nos damos las manos en la oscuridad.

La tradición del teatro es horizontal. No hay quien pueda afirmar que el teatro está en algún centro del mundo, en alguna ciudad o edificio privilegiado. El teatro, como yo lo he recibido, se extiende por una geografía invisible que mezcla las vidas de quienes lo hacen y la artesanía teatral en un mismo gesto unificador. Todos los maestros de teatro mueren con sus momentos de lucidez y de belleza irrepetibles, todos desaparecen del mismo modo sin dejar otra trascendencia que los ampare y los haga ilustres. Los maestros de teatro lo saben, no vale ningún reconocimiento ante esta certeza que es la raíz de nuestro trabajo: crear momentos de verdad, de ambigüedad, de fuerza, de libertad en la mayor de las precariedades. No sobrevivirán de ellos sino datos o registros de sus trabajos en videos y fotos que recogerán solo una pálida idea de lo que hicieron. Pero siempre faltará en esos registros la respuesta silenciosa del público que entiende en un instante que lo que allí pasa no puede ser traducido ni encontrado fuera, que la verdad que allí comparte es una experiencia de vida, por segundos más diáfana que la vida misma.

Cuando entendí que el teatro era un país en sí mismo, un gran territorio que abarca el mundo entero, nació en mí una decisión que también es una libertad: no tienes que alejarte ni moverte de donde te encuentras, no tienes que correr ni desplazarte. Allí donde existes está el público. Allí están los compañeros que necesitas a tu lado. Allá, fuera de tu casa, tienes toda la realidad diaria, opaca e impenetrable. Trabajas entonces desde esa inmovilidad aparente para construir el mayor de los viajes, para repetir la Odisea, el viaje de los argonautas: eres un viajero inmóvil que no para de acelerar la densidad y la rigidez de tu mundo real. Tu viaje es hacia el instante, hacia el momento, hacia el encuentro irrepetible frente a tus semejantes. Tu viaje es hacia ellos, hacia su corazón, hacia su subjetividad. Viajas por dentro de ellos, de sus emociones, de sus recuerdos que despiertas y movilizas. Tu viaje es vertiginoso y nadie puede medirlo ni callarlo. Tampoco nadie lo podrá reconocer en su justa medida, es un viaje a través del imaginario de tu gente, una semilla que se siembra en la más remota de las tierras: la conciencia cívica, ética y humana de tus espectadores. Por ello, no me muevo, continúo en mi casa, entre mis allegados, en aparente quietud, trabajando día y noche, porque tengo el secreto de la velocidad.

Fuente: Instituto Internacional del Teatro (ITI). Organización Mundial de Artes Escénicas.

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